Respiro, entonces SOY

Respiramos de manera natural y inconsciente, diría incluso superficial.

En pocas palabras, respiramos mal. A la inspiración no tomamos suficiente oxígeno y al expirar no vaciamos lo suficiente lo que impide que el intercambio gaseoso se haga correctamente y que se elimine el dióxido de carbono…Por último, respiramos en el lugar equivocado en la parte superior del cuerpo, es decir, en el tórax (respiración de la acción) y en las clavículas (respiración del estrés).

La mala respiración tiene consecuencias para la salud, entre otras contracciones en el estómago; garganta; dolor de espalda, impacto en el sistema digestivo, cansancio….

Pero también sobre nuestras emociones; todos hemos experimentado el impacto de una emoción positiva o negativa sobre nuestra respiración: respiración bloqueada, sensación de asfixia, bola en el estómago, garganta atada.

Aquí vamos a centrarnos en uno de los principales músculos de la respiración, el diafragma. En efecto, la capacidad del organismo de disponer de una buena oxigenación depende en gran parte del correcto funcionamiento de este músculo

En una clase de Yoga todo nuestro cuerpo respira. Aprendemos a respirar en lugares inusuales . Somos conscientes de nuestro aliento y de nuestra capacidad para utilizarlo en conciencia.

La respiración puede estimularnos o calmarnos; calentarnos o incluso enfriarnos.

Las asanas hacen trabajar todos los músculos que intervienen en la respiración: abdominales, costillas flotantes, diafragma, caja torácica, pulmones, clavículas…

Las posturas en el vientre son para liberar el diafragma.

Sin hacer Yoga, sentarnos en su respiración con un observador indulgente nos lleva a otro estado de ser.

Depende de ti reencontrarte, encontrar tu respiración.

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